Qué son las olas del feminismo y el nuevo concepto de “tsunami”

Por María del Carmen Rascón

Desde hace siglos las mujeres se manifiestan por alcanzar la igualdad. En el siglo XVIII no podían estudiar, votar, ni escoger con quien casarse. Aunque la Ilustración perseguía la lucha por la igualdad, independientemente de las clases sociales, La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano no incluía a la mujer.

En respuesta, Olimpe de Gouges (que debería ser la heroína de cualquier niña), escribió La Declaración de la Mujer y la Ciudadana. Su aportación no fue bien recibida y la guillotinaron: con ella comienza la primera ola del feminismo. A partir de entonces se prohibió que hubiera más de cinco mujeres en la calle y muchas fueron encarceladas. Las dejaron sin derechos civiles ni políticos, mandando que fueran obedientes a sus esposos.  

La segunda ola del feminismo fue puramente sufragista. Si la mujer adquiría el derecho de votar, los demás derechos se conseguirían poco a poco. El movimiento feminista se transformó en un movimiento de acción social. En Inglaterra, las mujeres hicieron  huelgas de hambre, sabotearon a los líderes políticos, ¡incluso lanzaron bombas y provocaron incendios! Durante años fueron humilladas, ¿te suena familiar?

Al final de la Primera Guerra Mundial, las mujeres empezaron a obtener el voto en distintos países: a Inglaterra llegó en 1918 (sólo para mayores de 30) y a los Estados Unidos en 1920 (sólo para mujeres blancas). En México llegaría hasta 1947, gracias a los esfuerzos de feministas como Elvia Carrillo Puerto (¡otra heroína!) que consagró su vida a conseguir que las mujeres pudiéramos votar. 

Surgieron feministas con nuevas realidades, entre ellas Sojourner Truth, una esclava negra que habló por primera vez de la doble exclusión. Otro ejemplo es Flora Tristán, feminista y socialista que habló de las mujeres obreras y  la doble represión que se ejerce sobre ellas (de clase y de género), explicando que la mujer es “La proletaria del proletariado”. 

Para cuando comienza la tercera ola del feminismo, ha terminado la Segunda Guerra Mundial. En su Mística de la feminidad, Betty Friedan  intenta dar explicación a la insatisfacción de miles de amas de casa, diciendo que se sienten ansiosas porque priorizan el cuidado de los otros antes que el de ellas mismas, ¡el libro es un éxito de ventas!

Finalmente, con la cuarta ola del feminismo llegan las mujeres liberales y radicales.  Realizan protestas públicas en los certámenes de belleza, a los que consideran una cosificación de la mujer. Se crean espacios femeninos y seguros para mujeres maltratadas, centros de acompañamiento y guarderías. Aparecen movimientos de gran envergadura como #MeToo, que las mujeres utilizan para denunciar públicamente sus experiencias de abuso; las mujeres transexuales se suman a la causa y surgen nuevos feminismos, entre ellos el feminismo negro y el abolicionista. 

Hasta aquí podemos dejar de seguir numerando más olas feministas. En el prólogo de la antología de ensayos feministas Tsunami, Gabriela Jáuregui explica cómo el  feminismo ha alcanzado unas dimensiones tan gigantescas que, ola tras ola, se ha convertido en un Tsunami.

Es justo para las mujeres feministas un concepto como este. Estamos en todas partes, cada vez más visibles y reaccionarias, cada vez más unidas… y sin embargo quedan muchos derechos por conquistar.

Conversación con Susana Báez, investigadora y escritora feminista en Ciudad Juárez

Por María del Carmen Rascón

Foto: Ana Laura Ramírez

Con cariño para Susana, que siempre ha estado ahí

¿Qué sería de nosotras sin mujeres como Susana Báez? Desde hace décadas se ha dedicado a promover una cultura de la paz en la frontera a través del feminismo y la diversidad. Pero no ha estado sola: “Muchos de los proyectos los he desarrollado con Ana Laura Ramírez Vázquez, a quien le debo el habitar en la sororidad”.

En palabras de Susana: “El feminismo se distingue porque es muy difícil que una actividad la realices sola, porque se requieren los saberes de otra persona para conseguir modificar las estructuras patriarcales de la cultura de violencia hacia las mujeres. Yo siempre trabajo en equipo”. 

Si existe en la UACJ una Maestría en Estudios Interdisciplinarios de Género es gracias a Báez y las profesoras que integraban el cuerpo académico llamado Mujeres, región y frontera. Ellas impulsaron una investigación para conocer la situación de violencia de género dentro de la universidad. Susana coordinó la maestría del 2013 al 2018 y continúa participando hasta la fecha.

Desde hace 12 años trabaja en la promoción de la Semana Conmemorativa por la lucha Internacional de los Derechos de las Mujeres. A este y otros proyectos suele invitar a Paula Flores Bonilla, madre de María Sagrario González Flores, secuestrada y asesinada en abril de 1998: “Suele ser siempre muy intenso, y siempre suele ser que Paula logra que los jóvenes se sientan empáticos con esta problemática. Si tenían un resquemor salen de esa actividad comprometidos con la no violencia hacia las mujeres”.

Una vez al año organiza una mesa de escritoras locales que tiene un éxito rotundo. En ella han participado escritoras como Selfa Chew y Elpidia García: “el objetivo ha sido potenciar la literatura escrita por mujeres local, y por local entiendo Chihuahua, Ciudad Juárez, El Paso y Las Cruces.”

Como escritora, acaba de publicar una de sus primeras obras dramáticas en la antología Voces femeninas en la dramaturgia de fronteras: “se presentó en la Ciudad de México, pero en Juárez no se ha podido por la pandemia”. El libro es el resultado de un taller de dramaturgia para mujeres: “no había un taller para mujeres de forma específica y hubo resistencias, pues abrir un taller sólo para mujeres era, para algunos, discriminación. Se trató de una acción de empoderamiento sustantivo para las mujeres en la escritura dramática fronteriza. Tengo que reconocer que quien me enseñó a empezar a escribir teatro fue el maestro Enrique Mijares”.

Hoy por la mañana, quien escribe esta nota leyó Rostros del silencio. No conocía esa faceta de la doctora Susana. El mounstro se ha metido en la cama de una empleada doméstica, cambiándola para siempre. 

MOUNSTRO (Canta) “Te quiero más que a mis ojos, más
que a mis ojos te quiero…” (Al oído): No forcejees, nadie te
escucha. Nadie creerá en ti. Recuerda que soy sacerdote de
la Legión de Cristo. Basta con ser cercano a Marcial Maciel
para que me exoneren. Dejaste que Satán tomara forma en
ti. El Diablo en cuerpo de púber me tienta. No cedo a él,
lo combato en ti. Eres un instrumento para acabar con la
tentación. Tu sangre menstrual es el signo de su muerte.
No te quejes. Eres el medio para acabar con el Malo. Llora
cuando yo me vaya. Arrepiéntete, pecadora.

La obra desarrolla una serie de situaciones que nos alertan sobre las consecuencias de no cuestionar las estructuras machistas que se transmiten de generación en generación. Las heridas no pueden sanar y, por lo menos en este caso, las repercusiones acaban pareciéndose al rencor y la soledad.

Susana nació en la Ciudad de México, pero se declara ciudadana de las fronteras. Actualmente integra un libro de entrevistas con el aporte de las mujeres dramaturgas no sólo de Ciudad Juárez, sino de toda la frontera, así como un video donde sus inquietudes salgan a relucir. Nunca olvidaré que gracias a ella tengo en mi biblioteca un volumen de Los Cautiverios de las mujeres: Madresposas, monjas, putas, presas y locas.

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