Infancia, feminidad y perversidad: Entrevista a Ana Vásquez de la Torre

«¡Qué poca fe! Hice muy bien los 17 barcos, y les di los mejores marineros que tengo, con capitanes que ya han hecho muchos viajes y pueden manejar los barcos. Yo creo que tienen todo listo para navegar, sin importar si llueve poco o mucho.

Pero también la tripulación pensaba como yo y ante cualquier distracción de él aprovechaban para huir y esconderse bajo los muebles o en los cajones. Yo me hacía de la vista gorda e incluso apoyaba sus posibilidades de escape.«

Entrevista por María Rascón

Mujeres y Niños Primero fue publicado por Crisálida Ediciones en 2020, tras ganar la convocatoria “Libro de cuento escrito por mujeres”. En la portada vemos un collage de Áxel A. Leija: un niño Jesús sin ojos, asomando los brazos y las piernas entre las aguas de un mar de colores menta y rosa. Con relación a tu libro, ¿cómo interpretas esta imagen?

El proceso del diseño de la portada fue elaborado, quisimos mostrar en ella las dos partes de la antología, es decir la maternidad y el origen de la perversión. Para hacerlo, Áxel realizó un análisis sobre la obra e identificó elementos significativos de esta, entre los que destacaron los referentes católicos. Ante esto, quisimos partir de la imagen de un niño Jesús de porcelana, recuperada del cuento “Amor” que está en la primera parte de la antología, y mezclarlo con un beso, elemento tomado de “Canicas”, cuento que se encuentra en la segunda parte. Queríamos representarlo apelando a una tradición católica que consiste en besar al niño Jesús en ciertas festividades. Una vez que realizamos la sesión de fotos con esta idea, Áxel realizó unas propuestas de diseño.

Evidentemente, la portada final es muy diferente a la idea original y esto es porque esta propuesta, de hecho, no estaba planeada y surgió de un experimento que realizó Áxel, en el cual utilizó fragmentos de impresiones fallidas e introdujo un tercer elemento de la antología: el mar, presente en “Navegantes”. Pienso que la imagen tiene algo de pasividad, pero al mismo tiempo hay caos en ella. En cuanto a los colores rosa y azul, estos aluden a la feminidad y la infancia, el centro del libro. Yo lo que encuentro muy acertado en esta portada es la posibilidad de que el niño esté surgiendo, pensando en la maternidad, o de que se hunda, en relación a la perversión.

Mateo, Nicolás y Gabriel son algunos de los niños que aparecen en tus cuentos. Como a todos los niños, les cuesta interpretar lo que sucede a su alrededor. Están a merced de quienes son más grandes (más conscientes del mundo tal cual es). Y sin embargo, son capaces de usar este mismo poder para dañar a otros, más frágiles o pequeños que ellos, (una colonia de hormigas, por ejemplo), acto que transcurre sin mayores consecuencias. ¿Qué puedes contarnos acerca de esta “perversidad”? 

Creo que hay una trampa en la inocencia de la infancia. Lo que consideramos el bien y el mal son conceptos que vamos construyendo por medio de la experiencia y es por esto que hay tantas percepciones distintas de estos. Pero en la infancia los criterios para distinguir lo que es bueno de lo que es malo son escasos, lo que hace la línea muy difusa. Llegan a cometer actos que llegan a ser crueles, como atacar una colonia de hormigas o mandar a la muerte a sus navegantes, pero no hay perversión en el acto hasta el momento en el que se hacen consciente de esta.

En una noche pavorosa, el cuervo de Poe, posado en el dintel, repite insistentemente jamás, jamás, jamás. Tu cuervo, a su vez, se posa sobre el borde de una ventana alta, días antes de perforar un vientre y extraer del mismo una semilla diminuta, palpitante. ¿Qué es lo que más disfrutas de la lectura de autores como Poe y H. P. Lovecraft?

Creo que lo más me gusta de estos autores es la manera en que la realidad se va a distorsionando y el proceso que lleva del estado de normalidad al descubrimiento de algo oculto. Además, se trata de referencias básicas para hablar de la extrañeza un recurso que me interesa bastante por su complicidad y todo lo que implica su tratamiento, porque, hablando de la técnica, es necesario poder dominar las emociones de los lectores por medio de la narración para que la extrañeza se presente de una forma natural y creíble en el texto. Intento involucrar este elemento en mis cuentos y creo que es algo que los caracteriza, pero por supuesto tengo mucho que aprenderle a estos autores.

El realismo de tus cuentos se sustituye a veces por instantes fantásticos: Mara, y el olor a guayaba de su lubricación; el grito aterrorizado de los navegantes de un barco de papel (semejante al de las cigarras); el cuervo, que acepta complaciente una invitación a casa. Me pregunto por qué estos ensueños se presentan en pequeñas dosis.

Me gusta pensar en lo fantástico como algo capaz de irrumpir en la realidad y desestabilizarla. Creo que la experiencia de extrañamiento que provoca es reveladora, descubre la posibilidad de que lo simple o cotidiano tenga capas ocultas. Envolver lo fantástico en la realidad permite destacar lo que lo aleja de este. Me agrada pensar que eventos así pudieran presentarse en nuestra vida y es justo con la narrativa con la puedo experimentar esa posibilidad.

Una madre no tiene permiso de abandonar a sus hijos. Es su sierva y, al ser considerada socialmente inferior al hombre, es sierva también del padre que, usualmente, se niega a cooperar con la crianza (o, en el peor de los casos, se ausenta con el permiso del mundo patriarcal). Tus cuentos contribuyen a visibilizar a la mujer “monstruosa”, que le da la espalda a los estereotipos y  hace lo que tiene que hacer por sí misma. Respecto a esto, ¿qué cambios se incuban ahora mismo en nuestra sociedad?

Este cuento al que haces referencia, “La monstruosidad de abandonar a los hijos”, nace como reacción de un ensayo de Claire Dederer titulado “¿Qué hacer con el arte de hombres monstruosos?”. En este ensayo, Dederer aborda la cuestión sobre si debemos consumir arte de hombres que han realizado abusos o acciones reprochables, y habla de que en muchos casos son socialmente perdonados atendiendo a la obra, pero no es algo que pase con las mujeres, en las cuales los rasgos monstruosos suelen estar ligados con su maternidad. Creo que es un problema que ha estado muy presente en la literatura y que lleva a muchas escritoras y artistas a tener que decidir entre ser madres o priorizar su carrera. Pienso que en los últimos años esto ha ido cambiando impulsado por la tendencia actual de la literatura por abordar temáticas en torno a las maternidades, permitiendo abrir la discusión para generar soluciones.

En su ensayo “Disolutas”, Vivian Abenshushan hace referencia a las pedagogías de la crueldad en la enseñanza de la escritura, que tiende a cercenar (por eso sustituye el término tallerear por palabras como reescribir, reorganizar o nombrar). Hace referencia además a una metáfora de Julio Cortázar, según la cual, el cuento debe ganar por knock out. Siendo cuentista, ¿por qué palabra sustituirías este “golpe fuera”?

Creo que yo diría instante, para mí es de eso de lo que trata el cuento del momento preciso en el que algo cambia. Sí, hay un antes y un después del instante, pero están ahí solo como complemento de este, son la evidencia de que ha sucedido un cambio, pero lo que nos impacta, la forma en la que el cuento gana al lector es por el instante en el que se emprende una huída, se hace un descubrimiento o se prende un cigarro y todo lo que cambia con él.

¿Qué te gustaría refinar de tus historias para excederlas?

Es común esta idea de que la literatura no deja de escribirse y creo que es correcta. Siempre me pasa que cuando releo uno de los cuentos que conforman esta antología y, en general, cuentos que he publicado encuentro detalles que quisiera cambiar y considero otras formas de contarlo. En esta antología, por ejemplo, pienso que hay cuentos que se quedan en la línea del realismo, aunque mejoraría si cruzara esa línea.

Actualmente estoy trabajando en introducir partes de otros géneros para abordar la narración con elementos variados que la enriquezcan.

Al aparecer dos veces esta imagen en Mujeres y Niños Primero, no puedo evitar preguntar qué significa para ti un rostro borroso.

Esta es una imagen muy personal. Algo que impactó mucho este libro fue mi relación con mi madre, a quien la necesidad de tener varios trabajos a la vez, además de ciertos problemas de salud y su participación en asuntos que eran de su interés, consumían la mayor parte de su tiempo durante mi niñez y mi adolescencia. En el proceso de enmendar esta relación, ya en una edad más madura, me encontré con que los recuerdos que tenía de mi madre eran esta especie de imágenes difusas en su mayoría.

En una entrevista para Otras Poéticas nos cuentas que, al obsequiarte uno de tus primeros diarios, tu padre te dijo: “Sigue leyendo y tu mente se abrirá tanto como cuando uno cae de un edificio”. ¿Cuál ha sido uno de los aprendizajes más recientes que te han hecho sentir de este modo? ¿Compartirías con nosotros un pequeño fragmento de alguno de esos cuadernos?

Tras un bloqueo de lectura y escritura, he estado volviendo a los inicios de mi acercamiento con la literatura, a partir de releer textos que fueron significativos para mi escritura y retomando técnicas que me ayudaron en un comienzo a disciplinarme, uno de estos es precisamente el diario. Le tengo especial cariño a esta técnica porque implica una escritura personal que no tiene un propósito como tal, pero que son una guía para entender la naturalidad de los eventos cotidianos y cómo va progresando nuestra propia historia. Pienso que en la narrativa esta es una gran enseñanza porque nos permite ver la historia de una forma lógica y lograr comprender qué es lo relevante de ciertos eventos para destacarlo.

No pude acceder a los más viejos, pero dentro de los más antiguos que tengo a la mano tengo este fragmento:

Buscar a la madre entre el mar de cabezas en las salas e ir a donde dijo y no encontrarla y buscar aún más y más a fondo hasta encontrarla en una salidita escondida. Sería el despedirme de Álex, el estrés de perderme, lo poco que dormí, la maldita cité université, los meses lejos de casa, pero al abrazar a mi madre se me escaparon dos lágrimas y la besé mil veces. Mi madre había perdido su maleta, dimos los datos de localización. Luego tomar el bus hasta Denfert Richelieu y Denfert Richelieu – La cité université – Denfert Richelieu y París que tiene tantas esquinas maldolidas.

«Pienso en el teatro como una fuente inagotable de preguntas»: Entrevista a Valeria Loera, autora de ¡Violencia!

Violencia: Marcel, no, no me cuelgues, por favor, solo déjame hablar un momento, no quiero pelear, nada más quiero decirte… que te extraño, te extraño mucho. ¿Por qué no nos olvidamos de todo y simplemente vuelves? Las cosas pueden ser como antes. Puedo perdonar tus errores si tú perdonas los míos… no, por favor… no, Marcel, no cuel-gues…

Te amo.

Por María Rascón

1. En escena, el destino; esa fuerza superior que arrastra nuestro paso por el mundo. ¿Crees que te gustan las mismas cosas que te gustaban cuando eras una niña?

Claro. Pienso que durante la infancia tenemos una gran capacidad para sorprendernos, capacidad que algunos vamos perdiendo conforme crecemos. Dejamos de preguntarnos el porqué de casi todo. Yo pienso el teatro como una fuente inagotable de preguntas: “¿Por qué esto? ¿Por qué lo otro? ¿Qué pasaría si…?” En ese sentido, no creo que éste se encuentre muy alejado de las cosas que me gustaban cuando era niña, cuando lo que más disfrutaba era escuchar y contar historias, como ahora.

2. Cuando te sientas en la butaca de algún teatro para espectar una puesta en escena, ¿qué es lo que esperas sentir, ver, aprender?

Espero lo inesperado, espero que me conmuevan.

3. Al escribir, ¿qué tanto control tienes sobre el resultado final?

Mmh. En mi caso, cada proceso ha sido distinto. En ocasiones comienzo algo que no tengo ni idea de a dónde ma va a llevar. Otras veces lo primero que conozco es el destino (hablando específicamente del final de la obra), y entonces tengo que buscar el pretexto para llegar ahí. Hay obras que he tenido muy claras en mi cabeza, de principio a fin, hay otras que todo lo contrario, sólo son ideas desdibujadas. En todo caso, todas son producto de simplemente decidirme a sentarme a escribir y llevarlo hasta las últimas consecuencias.
El resultado final, para mí, no es cuando pongo punto final al texto, es cuando alguien me lee y me cuenta lo que vio y sintió a través de él, o cuando alguien se decide a llevarlo a escena y hacen su propia interpretación de la obra. Sobre esto no hay ningún control, cuando terminas tu obra ya no es del todo tuya porque ahora la ves a través de los ojos de los demás.

4. “Decir que esa mujer eran dos mujeres es decir poquito. Debía tener unas doce mil trescientas noventa y siete mujeres en su mujer”, un poema de Juan Gelman que (quizás, comentas) influyó en tu libro. Durante la presentación de ¡Violencia! pregunté dónde habías encontrado la inspiración de tu historia y me hablaste sobre el cuidado que ponías a aquello que entraba en contacto contigo mientras escribías. Cuéntanos sobre ese estado hipnótico al que te induce rodearte de estímulos que sirvan como punto de partida para la creación.

Nunca me he considerado una gran lectora, en el sentido de que quizás no he leído muchos de los grandes títulos que se presume, un buen escritor debería haber leído. Es algo en lo que he ido trabajando, me cuesta un poco, pero en cierto modo es algo bueno porque así logro identificar las cosas que genuinamente me atrapan y que es loque consciente o inconscientemente se ve reflejado en mis obras. Disfruto mucho escuchar todo tipo de música, leer manga, creepypastas, ver videos de Dross, memes o tik toks, leer las cosas que la gente raya en las sillas de atrás del camión, en las puertas de los baños públicos, escuchar las conversaciones ajenas en el café.
Creo que todos estamos rodeados de muchos estímulos, la cosa es estar abiertos a ellos, permitirnos observarlos detenidamente y decidirnos a convertirlos en detonantes para algo más, en mi caso, para escribir. En ¡Violencia!, reconozco la influencia del poema de Gelman, algunas referencias lejanas a Final de Partida de Beckett, mucha de la música de The Tiger Lillies, y seguro que hay muchas más referencias de las que ni yo me he dado cuenta aún.

5. ¿Qué es aquello que vuelve a un personaje tan real que puedes dedicarle un libro? Me refiero, por supuesto, a Violencia López.

Siempre parto de mis propias inquietudes, mis heridas de infancia, las cosas que me mueven y me duelen, lo que me da risa, lo que me hace feliz o triste, lo que me avergüenza, lo que no me deja dormir por las noches…
No sabría decir si Violencia López es real, pero sí sé que hay mucho de Valeria Loera en ella, y viceversa.

6. Al principio, Violencia me parecía una adivinanza. Sabemos las razones de su madre para nombrarla de ese modo, ¿pero qué hay de las tuyas? ¿Es verdad que lleva en su nombre su sentencia?

Definitivamente creo que nuestros nombres tienen un gran impacto en nuestras vidas. Si yo me llamara María Eugenia, Carmen o Gabriela, probablemente no sería la que soy ahora, o no del todo. Quería darle un nombre a mi protagonista que en verdad la representara. Luego de repasar la lista de posibles nombres como Dolores, Angustias, Prudencia, Socorro o Martirio, entre otros… me pregunté, ¿qué caracteriza a mi personaje? Y aunque hay algo de dolor, angustia, prudencia (quizás esto sea lo menos), gritos de ayuda y mucho martirio en Violencia (Viole, para los amigos), ella es ante todo, una mujer violenta, no ya para el mundo, sino consigo misma. Violencia no se trata con ternura a sí misma. Entonces sí, su nombre es su sentencia.

7. Al leer ¡Violencia!, me encontraba constantemente con cambios de situaciones; de la cabeza de Violencia sumergida en el agua del lavaplatos, al timbre del teléfono, de la felación a la zanahoria, a la nube de humo helado que escapa de la nevera. ¿Qué importancia tiene la acción para el drama, ante todo en esta época?

Pues bien dicen, como me lo dijeron a mí, todos los maestros de teatro: “Drama es igual a acción”. Yo personalmente, no es que centre mi atención en las acciones, al menos no conscientemente. Me involucro más con las imágenes. Pienso en lo que quiero crear en la mente del lector, lo que le quiero proponer a la directora o director, pienso en lo que a mí me gustaría ver en el escenario. Es más importante la sensación o el impacto que quiero generar, que lo que ocurre en sí mismo.

8. La comedia, musa sonriente que se carcajea de nuestros dramas, está presente en el humor de ¡Violencia!, al que tú misma te refieres como ácido y oscuro. Háblanos sobre esa parte lúdica de tu ser.

Para mí el humor es la forma en la que he aprendido a enfrentarme a la vida, a mis problemas, al día a día… porque a veces el mundo puede ser tan terrible y existir no siempre está tan chido, y es entonces que me doy cuenta que no me queda más opción que reírme de mí misma, de mi situación y continuar. Creo que en ¡Violencia! es donde más me he dado la libertad de ser yo misma, tanto, que me meto directamente en las páginas a comentar mi propia obra, convirtiéndome a mí misma en otro personaje.

9. Con esta obra dramática buscas crear replanteamientos acerca de la manera en que nos comunicamos con nosotros mismos. ¿Qué le dirías a aquellas personas que constantemente se tratan a sí mismas con violencia?

No estoy muy segura de ser la persona idónea para aconsejar a nadie, creo que estoy lejos de tener una estabilidad mental o autoestima ejemplares. Con ¡Violencia!, más bien buscaba una catarsis que me hiciera exorcizar mis propios demonios.
Les diría a las personas que se escuchen a sí mismas, que no silencien las cosas que les duelen, que busquen terapia, dicho esto en el amplio sentido de la palabra. Para mí, escribir ¡Violencia! fue un proceso terapéutico que me permitió desahogar muchas cosas, que me dio algo de sanidad mental. Escriban, hablen con una amistad, vayan con un(a) profesional, dense un abrazo ustedes mismas, ustedes mismos, cómprense un helado y siéntense en el parque y respiren, sobre todo, respiren.

10. Nos acercamos al final de la entrevista. Te he visto experimentar con colores y texturas de una forma muy audaz. Tu rostro, tu vestido son, en los últimos días, un lenguaje de medusas, tonos pastel y frutos rojos. Este estilismo, con el que das muestras de tu personalidad, ¿hace acto de presencia en tu escritura?

Gracias por lo de audaz (lo entendí como un halago) 😀
La parte plástica de la escena (y de la vida en general) es algo en lo que me gusta experimentar, siempre que pueda voy a sugerir desde mis textos, los colores y texturas del vestuario, la escenografía o la luz. Claro que eso es lo que yo quisiera ver, respeto (o me resigno) que al final quien dirija mi obra sabrá mejor cómo llevar a escena lo que propongo.

11. No sé si acaso, escondido entre tus libros o debajo de tu almohada (tal vez arrojado sobre el piso), lleves un pequeño diario. ¿Nos compartirías alguno de sus trocitos?

Pienso que leer mis obras es casi como leer mi diario íntimo, pero qué va, una nunca se expone lo suficiente.
No he sido tan constante últimamente, pero ésta es de las últimas entradas:
“Me agobia mucho todo.
Me agobia ir al supermercado con mi madre y que al momento de pagar me deje sola en la línea de la caja, mientras ella va a buscar alguna cosa que olvidó y yo, una adulta de 29 años, me agobio de ver que ya nos va a tocar y mi mamá no regresa.
Me agobia tapar un baño ajeno.
Es por eso que a través de los años he entrenado a mis esfínteres para aguantar hasta que llegue al baño de mi casa.
Hace poco me enteré de que literalmente te puede explotar la tripa por aguantarte,
ocasionando que todos tus órganos se llenen de materia fecal y te mueras.
Me agobia pensar que eso podría pasarme.
Me agobia estornudar tan fuerte que se me salga un pedo.
Me agobia envejecer.
Me agobia el SAT, porque no lo comprendo y siento que cualquier día me va a meter a la cárcel por motivos que desconozco pero que me aterran.
Me agobia tener un moco en la nariz y darme cuenta hasta volver a casa después de un largo día de haberme topado con personas importantes.
Me agobia llamar para pedir una pizza.
Me agobia hacerle la parada al camión y que no se detenga.
Me agobia la posibilidad de ir por la calle y que me aborde un reportero con cámaras, para demostrar si un niño de primaria sabe más que yo, y que al preguntarme la tabla del siete, yo no sepa qué responder.
Me agobia mucho existir.
Pero a veces, no tanto.

«Sé que hay una historia que merece ser contada cuando me produce una reacción»: Entrevista a Itzel Guevara, Domingo de Summer Time

Por María Rascón

«Para estar juntos tienes que llamarte Lisa, dijo Jeremy, el chico que me persiguió durante una semana en los pasillos de la escuela. Ciertamente es un nombre lindo, tan fácil de pronunciar, tan americano. Antes de conocerlo pensé en volver a casa aunque el pago de la matrícula no fuera reembolsable. Allá tenía un cuarto lleno de muñecas de porcelana, un nombre ordinario, un nombre que todos podrían pronunciar, allá estaba mi padre que no se cansaba de decirme que era la más bella de todas las muñecas.«

1. Domingo de Summer Time es un cuentario que nos ofrece personajes iridiscentes, intensos, verdes, con tonalidades amarillas, rosas, púrpuras. Es quizá la sensación de que nada es sencillo lo que hace sus vidas tan semejantes a las nuestras. Me hacen pensar en sueños rotos, en sueños que ni siquiera alcanzaron a soñarse. Cuéntanos cómo creas a tus personajes.

Todos los personajes de Domingo de summertime surgieron de personas reales, algunas de ellas conocidas (como el personaje de Leidy, basado en una florista que tiene su negocio frente a una funeraria en Xalapa), otras tienen que ver conmigo (como en algunos de los cuentos ubicados en El Paso, Tx, los cuales están conformados a partir de mi estancia allá) y otros más, son el resultado de que alguien me hablara de ellos y aun sin haberlos visto nunca, me obsesioné por contar su historia. Ese es, precisamente, el caso de Lisa, la protagonista del cuento que le da título al libro. La anécdota me la platicó mi hermana: a ella le tocó presenciar el cuerpo de una estudiante sobre el pavimento, afuera de la residencia en la que vivía. No tuve mayor información sobre la chica, nunca supe su nombre y mucho menos sus motivaciones, pero el hecho de que esta joven extranjera se hubiera lanzado del edificio me enganchó de tal forma que no pude soltarme hasta que logré escribir el cuento, lo que sucedió varios años después.

2. Lisa es una cantante soprano que despierta cada domingo con una sensación de desamparo. Su número favorito es el 10: “Diez, me gusta tanto ese número. Diez, que según el tarot simboliza «La rueda de la fortuna», y qué es mi vida sino eso, un conjunto paseo, un continuo subir y bajar.” No puedo evitar preguntar, pensando en elementos místicos como el tarot y la numerología, ¿cuál sería tu definición de la magia?

No soy una persona a la que le interesen los horóscopos, el tarot, las cartas astrales o las pláticas con ángeles, sin embargo a algunos de mis personajes sí y cuando sucede me lo tomo muy en serio y procuro darles lo que necesitan.

Aunque no se relaciona con nada de lo anterior, sí que he construido una idea personal de la magia: Percibir el mundo (observar, oler, oír, sentir o probar algo) como si fuera la primera vez. No deja de sorprenderme que a pesar de lo desgastadas que pueden estar la mayoría de las experiencias, del automatismo con el que nos movemos, de esta especie de repetición en la que vivimos, aún se puedan experimentar cosas con un entusiasmo renovado. El hecho de que el manoseo cotidiano al que hemos sometido ciertas acciones no haya mermado la intensidad con la que las experimentamos, no tienen otro nombre más que magia.

3. Sin duda escucharía Summertime, de Janis Joplin, para elevarme al cielo si un día decido saltar por la ventana. Alguna vez leí que las escritoras tenían derecho a otro destino, alejado del salto en el mar, de sumergirse en el río. ¿Tienes alguna opinión respecto a esta idea?

Las personas, sin importar si son escritoras o no, deberían tener derecho a otro destino. No imagino una situación más desoladora que los momentos previos al suicidio.

4. En tus cuentos casi siempre suena una canción. Las Lolis preparan el café al ritmo de Te propongo, disfrutar de una mañana caminando de mi mano; Mami, con el cuerpo sumergido en la bañera, oye a su hijo cantar Novia mía, novia mía mientras le restriega la espalda; pasando por la armónica de Grayson Capps, que se desborda de unas bocinas en casa de Arístides, el anfitrión del club de cine. ¿De qué forma influye la música en tu escritura? Si tuvieras una moneda para la rocola ahora mismo, ¿qué canción escucharías?

La música ha resultado un elemento amalgamado a mis historias, ya sea que esté explícitamente presente en el texto o como parte del proceso de escritura. Cada uno de mis libros tiene una banda sonora de fondo que marca el tono y dice muchísimo de los personajes. No es algo que haya hecho de forma consciente, pero desde que me di cuenta he podido manejar este recurso de forma más eficiente.

Sobre la rocola (que por cierto, tener una está en mi lista de sueños por cumplir) iniciaría una velada de canciones y cervezas con Un año de amor, cantada en la versión italiana por Mina.

5. Para ti, ¿cuál es el elemento más importante de un cuento? ¿Tienes algún cuento favorito?

En definitiva, los personajes, aunque se suela decir que estos pertenecen más al territorio de la novela. Antes de pensar en contención, en ritmo, en el tipo de narrador, en punto de vista o en cualquier otra cosa, mi interés está en los personajes, en su estado de ánimo, en cómo fue que llegaron a tal o cual situación, en si ellos ignoran o están demasiado conscientes de su situación, en lo que pretenden mostrar al mundo y en lo que esconden. Vamos, lo que más me importa es que estén vivos. 

Tengo cuentos que fueron muy importantes cuando me iniciaba como escritora, como “Final del juego” de Cortázar o “A qué volver” y “Uno no sabe” de Mónica Lavín. Actualmente tengo tantas y tantos cuentistas admirados que no puedo más que emocionarme de que se siga apostando por la publicación de este género.

6. ¿Existen miedos que tengas presente al escribir (por muy absurdos que sean)?

Siempre está presente el miedo a no poder escribir, a no lograr acercarme a la historia que quiero contar. La historia ya está en mí mucho antes de que empiece a escribirla, algunas veces es muy clara, pero la mayoría de las veces es una especie de neblina que lo cubre todo y mi trabajo es intentar encontrar las palabras que le den forma a eso.

7. ¿Dónde encuentras la inspiración de tus historias?

En las situaciones que me mueven del lugar en el que estoy. Sé que hay una historia que vale la pena ser contada cuando ese suceso del que me hablaron, o que leí, o la aparición de un personaje trastocan mi vida, cuando me produce una reacción, cuando establezco un vínculo y entonces se vuelve personal.

«Percibo mi lengua Tu’ un tavi como el sonido de la lluvia o el soplo del viento»: Entrevista a Mariela Vasquez Tobón

Por María Rascón

Nána ita,

Ña cua, ña cua’a

Yati caza’a ña ini

1. La portada de Tatu’ún ijtâ váli ndea: Haikus Mixtecos es de un intenso color anaranjado sobre el que revolotean varias mariposas monarcas. Me pregunto, Mariela, qué representan para ti.

Las mariposas para mí representan libertad y transformación, desde pequeña me acuerdo me encantaban las mariposas o “tiqueva” en Mixteco, libertad porque igual que ellas soy inquieta y me gusta sentirme libre para volar y migrar hasta donde mis alas imaginarias me conduzcan. Transformación porque igual que ellas pasan de ser una oruga no tan bonita a la vista permutan en hermosas mariposas cuando entran a la fase de metamorfosis. En realidad, a pesar de mi fascinación por las mariposas la portada del libro fue coincidencia, no fue una proposición que saliera de mí, considero se creó ad hoc al contenido de los quince haikus que Yulissa y yo escribimos, pues básicamente nuestros versos refieren a aves, flores, paisajes, estaciones del año, etc.

2. Lo que más me maravilla del libro es que no hay traducciones al español, cuéntanos sobre esta decisión.

Chihuahua se destaca por ser pionero en la publicación de libros monolingües, para ser específica, existe un programa que se llama “Programa Institucional de Atención a Lenguas Indígenas” (PIALLI) de la Secretaría de Cultura del estado de Chihuahua que justamente se encarga de imprimir publicaciones completamente monolingües. Es la primera ocasión que esta dependencia apoya un proyecto como este, y la iniciativa me entusiasma mucho, pues usualmente se hacen publicaciones en lengua Ralamuli, Odami, warijo que son lenguas originarias del estado de Chihuahua y es la primera ocasión que se hace en lengua Tu´un tavi o Tu´un savi (Mixteco), que es una de las 52 lenguas migrantes que coexisten en el estado de Chihuahua. Considero que la iniciativa de hacer un libro monolingüe es extraordinaria pues despierta en el lector la curiosidad por saber y aprender más sobre una lengua originaria, sobre todo para los propios mixtecos y mixtecas que poco a poco dejamos en desuso nuestras lenguas.

3. Creo que, para quienes no hemos aprendido todavía a hablar mixteco, el poemario se convierte un poco en acertijo. Las ilustraciones son las pistas, ¿chikìrri será luciérnaga?, ¿ita será flor?

Si, pudiera decirse que sí, justamente las ilustraciones ayudan a quienes no conocen el idioma, a echar andar la imaginación hasta encontrar la traducción. Chikirri es cigarra, ita es flor.

4. Encuentro que mientras en el libro aparece la palabra tsiojkò, que asumo significa hormiga, he podido leerla también como thilloco’. ¿Nos explicarías un poco a qué se debe esta diferencia entre poetas de la misma región?  

tsiojkó, también “asumo significa hormiga, puede tener otro significado dependiendo del tono en la pronunciación, la palabra asumo la entrecomillé debido a que de ahí deriva precisamente la riqueza lingüística del Tu´un savi, más de 81 variantes lingüísticas, es un reto gigante poder entender todas las variantes. Tilloko´ o Thilloco´ es una palabra que con seguridad te puedo decir significa hormiga. El territorio Mixteco lo conforman tres Estados (Oaxaca, Puebla y Guerrero) por lo que como lo comenté la lengua tu´un tavi tiene aproximadamente 81 variantes lingüísticas y a eso se debe la diferencia entre la escritura de los compañeros y compañeras.

5. Si es posible, me gustaría conocer cómo traducirías al español Tatu’ún ijtâ váli ndea.

Si, “Murmullo de Flores” o “Platican las Flores”

6. Alguna vez le pregunté a la también poeta Yuridia Salvador cómo nombraría en mixteco la palabra poesía y entre otras respuestas mencionó Tóoh Niuchi. ¿Se te ocurre alguna propuesta?

Si, To´on libi.

7. ¿Cómo describirías en tus propias palabras la belleza de la lengua mixteca?

Es maravillosa, me sorprendo siempre cuando pienso en tu´un tavi, todas las lenguas son maravillosas con sus peculiaridades que las hacen únicas pero mi lengua verdaderamente me llena de orgullo y sorpresa no termino de conocerla, la percibo como el sonido de la lluvia o el soplo del viento, recuerdo colores, sabores y olores cuando la escucho o la hablo, me despierta sentimientos y emociones que no puedo describir.

8. ¿Hay alguna manera de que podamos escuchar los haikus de Tatu’ún ijtâ váli ndea?

 Todavía no lo sé, ojalá que sí. Lo que sí sé es que el libro es gratuito y que se puede conseguir en las oficinas de enlace de la Secretaría de Cultura del Estado de Chihuahua.  

9. Por último, tengo deseo de saber si tienes alguna escritora mixteca favorita.

Escribir en lengua originaria es un reto gigante, nos enfrentamos a muchos obstáculos desde la inexistencia de un sistema unificado de escritura, que entiendo es imposible tenerlo por las múltiples variantes lingüísticas, difícil también es conseguir material bibliográfico para seguir aprendiendo a leer y escribir en tu´un tavi. Seguimos aprendiendo a escribir y a leer en nuestras propias lenguas por el nivel de analfabetismo que ha predominado, producto de los sistemas educativos integracionistas y asimilacionistas que nos han gobernado, por eso puedo decirte que admiro a todas las escritoras que siguen en este proceso tan valioso que ha significado una lucha constante por la defensa de nuestras lenguas originarias.

Los anillos, ese gesto mínimo de defensa: Entrevista a Daniela Ruelas

Por María Rascón

«Un rostro sudado se asoma debajo de las sábanas.
Das otro paso hacia atrás. Explicas el juego.
No, no te vayas. Cierra la puerta y ven. Aquí no te encuentran.
Su sonrisa te da certeza. ¿Y si ganas este juego?
Tu primo hace a un lado las sábanas a modo de invitación.
A Gustavo no se le ocurriría buscar en el cuarto de Miguel o Carlos. Sigues sin
saber cuál de los dos es.
Las sábanas son azules. Huelen diferente a las de tu casa.
«

1. Eres de las pocas autoras que sigue escribiendo sus historias a mano, ¿por qué razón?

Para mí, escribir a mano crea una pausa inmediata y me hace consciente de la relación entre lo que escribo y el aspecto corpóreo del acto de escribir. El cómo estoy sentada, cuánto tiempo llevo frente al texto, cuántas veces he tachado y vuelto a escribir… La página física no tiene backspace; no hay ctrl Z ni copy-paste. Cada error y cada imprecisión se siente físicamente en la mano dominante. Asimismo, también me ayuda al momento de procesar mis ideas. A veces mis pensamientos van muy rápido mientras que en otras, simplemente no los logro concretar. Entonces, escribir a mano establece un ritmo para desacelerar o precisar aquello que necesita estar en la página. Otro aspecto importante a considerar es que el papel y la pluma no tienen distractores; son el medio y son el fin. No hay pantallas, no hay redes sociales, ni juegos de solitario o correos por atender. Si te distraes al estar frente a una página en blanco, te distraes con tus propios pensamientos y eso mismo puedo ser una forma de pre-escritura.

2. ¿Qué significa la literatura para ti?

Esta es una pregunta sobre la cual tuve que reflexionar un par de días. La manera más sencilla (o tal vez ni tan sencilla) en que lo puedo explicar es que la literatura, en sus diferentes expresiones, es mi lugar feliz. Si bien representa una fuente de conocimiento, empatía y creatividad, leo y escribo principalmente porque me da paz y porque cada texto, además de ayudarme a aprender algo nuevo sobre mí, me deja un poco de crecimiento personal.

3. ¿Cuáles son los libros de tu biblioteca que más atesoras?

Le tengo un cariño especial a los libros cuyos autores tuve la fortuna de conocer en una lectura o presentación. Algunos títulos que tienen un lugar particular en mi estante, que me hicieron amar la lectura todavía más porque sus palabras tomaron vida frente a mí de la boca del autor, son de autores como Lex Williford (Superman on the Roof), Elena Poniatowska (Hasta no verte Jesús mío), Jericho Brown (The New Testament), Sasha Pimentel (For Want of Water and Other Poems), Sylvia Aguilar Zéleny (Basura), Benjamín Alire Sáenz (Everything Begins and Ends at the Kentucky Club), Ángeles Mastreta (Mujeres de ojos grandes) y Cristina Rivera Garza (La imaginación pública).

4. ¿Al escribir, cuáles son las temáticas que te fascinan?

En mis últimos textos he estado explorando las diferentes formas de violencia: física, emocional, psicológica, mental… Esto ha sucedido de manera casi desapercibida; no me di cuenta hasta que me puse a pensar en lo que tenían en común. Lo que sí noto que sucede de manera concienzuda es que usualmente escribo a partir de un personaje que viene a la mente y no de una situación o evento. Los personajes que están en constante búsqueda son los que suelen tener mayor aliento en mi imaginación. Todos ellos (o casi todos) están explorando sus relaciones personales, lo que estas conllevan, los sacrificios que generan y el crecimiento que dan.

6. ¿De qué idea o germen surge tu último libro, Los Anillos?

¡SPOILER ALERT! La idea de Los anillos surge a partir de una resignificación del objeto. Hace unos años una mujer fue atacada en el puerto cerca de la ruta que yo tomaba para ir a correr. Comenzaron a surgir detalles de lo que sucedió y yo podía visualizar el camino que ella había tomado, el árbol cerca del que pasó, la ropa que traía puesta, la sorpresa que debió haber sentido, el dolor que surgió de ello… Dejé de hacer esa actividad unos días porque me di cuenta que ya no me sentía segura; yo pude haber sido esa mujer que corría a esa hora por esa ruta pero llegué a sentir que no lo fui por mera coincidencia. No recuerdo la fecha pero recuerdo que al enterarme uno de mis pensamientos fue: “Yo ese día a esa hora estaba haciendo otra cosa”. Al ver la posibilidad de peligro tan cerca de mí, me pregunté qué podría llevar conmigo (algo ligero que no pesara tanto, pero que sirviera de ayuda) para poder defenderme en caso de ser necesario.

Comencé a prestar atención a los diferentes objetos que ya tenía en mi entorno y un día llegué a una joyería en el centro de mi ciudad natal. Justo ahí, vi un anillo bonito y abultado que llamó mi atención inmediatamente. Lo primero que pensé fue: esto podría utilizarlo como arma; esto me podría salvar la vida. Entonces vinieron las preguntas sobre la mujer que corría. ¿Ella había tenido anillos o algo parecido? ¿Le habrían ayudado? ¿Por qué necesita anillos? ¿Por qué no puede ella, y yo y otras, ir a correr por el simple hecho de querer ir a correr sin sopesar la posibilidad de un ataque brutal y un atentado de violación?

Desde entonces, ya no me pude sacar la idea de la cabeza. No quise saber el nombre de la mujer, aunque varios de mis conocidos la identificaban; me causaba un peso que en ese momento no podía cargar, me derrengaba. Por eso mi protagonista, la Chiquis, no tiene nombre, ni medidas, ni descripción de sus características físicas. Porque, narrativamente, no importaba. Desafortunadamente, Chiquis podríamos ser cualquiera de nosotras; independientemente de dónde estábamos y qué traíamos puesto y si somos morenas, chaparras, güeras, altas… Muchas de nosotras hemos estado en una situación donde necesitamos algo más que un anillo.

Ese objeto se convirtió en el gesto mínimo de defensa; es la manera en que observamos las sombras en el suelo mientras caminamos solas, la prisa con la que cambiamos de acera al ir por la calle, la elección del asiento en el transporte público, la manera en que empuñamos nuestras llaves al momento de abrir la puerta de la entrada… Es un comportamiento aprendido de generación a generación que las mujeres pasan a sus sobrinas y sus hijas y sus nietas porque sabemos que llegarán una edad en la que ir caminando en la calle conlleva más actos que el ir caminando en la calle.

6. ¿Qué aprendiste de Los Anillos?

Yo creí que era una persona disciplinada al momento de escribir, pero ándale que no es cierto. El primer esbozo general de la novela lo escribí en el transcurso de un verano, en las vacaciones, y estaba muy consciente de que cuando volviera a entrar a trabajar, ya no podía dedicarle tanto tiempo del día a la obra. Entonces tuve que disciplinarme, realmente disciplinarme, para avanzar lo más que podía. No terminé toda la obra pero tenía lo suficiente para enfocarme en las revisiones durante el transcurso de los próximos meses (lo cual también conlleva dedicación y atención). Esta obra es mi primer libro publicado y ha sido interesante ver las reacciones de los lectores y cómo poco a poco va llegando a más gente.

7. ¿Actualmente estás escribiendo algo nuevo?

Voy a confesar que en el transcurso de esta pandemia no he podido escribir de manera creativa como lo hacía antes. Tengo textos pequeños, pero no obras o proyectos concretados. No sé si le pasa a otra gente pero siento que si bien soy de las personas afortunadas que pudo mantener su trabajo y llevarlo a cabo desde la virtualidad, esta conlleva un agotamiento mental y emocional que no había experimentado antes.
Al finalizar la jornada, tanto mi cerebro como mi cuerpo me piden un momento de quietud y descanso a pesar de que la única actividad física fue estar sentada frente a la pantalla. Sin embargo, una de las ventajas de esta virtualidad es que he podido tener acceso a talleres literarios de personas que admiro; los cuales no podría haber tomado de manera presencial por cuestiones de distancia y tiempo.

Cara de liebre, una novela de terror cotidiano: Entrevista a Liliana Blum

Por María Rascón

«Nick abre la boca y recibe las nueces como si tomara la Sagrada Comunión, no sin antes expedir un aliento demoniaco. No he podido asearlo como quisiera porque se rehúsa a cooperar. Me abstengo de comentar algo sobre su halitosis, que espero sea pasajera. No se trata de herir sus sentimientos, pero me resulta imposible suprimir un gesto de asco con el que cierro mis ojos por una fracción de segundo. Él se aprovecha de este breve descuido y muerde uno de mis dedos y parte del dorso de mi mano».

Es temporada de caza. En el jardín, un gran árbol de duraznos se nutre con los restos de los hombres que ha despedazado Cara de liebre. La zapatilla de cristal se ha roto. Solo queda la cebolla, que crece en la oscuridad.

1. El diseño de portada de Cara de Liebre es enigmático. Funciona, en mi opinión, como un acertijo. Entrevemos algunas pistas importantes de la historia, y el vistazo, aunque breve, es sumamente provocativo. ¿Qué opina Liliana Blum sobre la portada de su libro?

Es una de las cosas que más me gustan del libro. Gracias a lo bien que le fue a mi segunda novela, para esta mi tercera, la editorial me consintió mucho con la portada: un artista digital, tras leer la novela, nos presentó algo muy parecido a lo que ves ahora. Usualmente los autores no tienen mucho que ver con las portadas, sobre todo en las editoriales grandes. Recuerdo que para mi primera novela, Pandora, se me avisó cuál iba a ser la portada (y nunca me terminó de gustar por completo). Sin embargo, a Pandora le fue tan bien que para mi segunda novela, El monstruo pentápodo, se me preguntó qué cosa tenía en mente, y se me hicieron tres propuestas de las cuales pude escoger una. Para Cara de liebre realmente me querían consentir, y creo que fue un gran acierto: es una portada que llama la atención, pero que no se termina de entender hasta que se lee la novela.

2. Tengo curiosidad por saber qué parte de la novela escribiste primero.

Escribí la novela en dos tiempos. Primero escribí toda la parte de Irlanda, y fue solo hasta que la terminé, que comencé a escribir la de Tamara, guiándome por cada capítulo de Irlanda, y entreverando los capítulos de Tamara.

3. ¿El final de Cara de liebre siempre estuvo claro para ti? ¿Cuál hubiera podido ser otro desenlace?

Muy buena pregunta. De hecho inicialmente pensaba en un final más tipo Hollywood, donde prevalece el bien. Es decir, que Tamara llegaba a tiempo y lograba salvar a Nick, sin saberlo, sino como un efecto secundario de enfrentarse a la “otra”. Sin embargo, mi hija adolescente (que no leyó el manuscrito, sino que lo escuchó platicado por mí), me sugirió el final actual. Me gustó mucho la idea de que tras superar a un mal hombre y apelar a su propia dignidad, toma la decisión que, sin saberlo, será el destino fatal del hombre que tanto daño le causó.

4. ¿Crees que Irlanda volvería a cometer un asesinato después de deshacerse de Nick? Tuvo suerte de que no la pillaran esta vez.

Creo que Irlanda ha aprendido la lección. Ya no quería más cadáveres (por las razones más obvias y pragmáticas), así que lo que sucedió con Nick fue un experimento que salió mal. Irlanda es muy inteligente y aprende de sus errores, pero no es una asesina sádica que saque alguna satisfacción de cometer un asesinato: sus primeros cadáveres son el resultado (nuevamente, efectos secundarios) de no querer ser abandonada, de tener un hombre que le haga compañía y la quiera. Por retorcido que esto suene, son las razones por las que mata al principio. Al final, tras darse cuenta de que no se puede obtener por la fuerza el amor de nadie, tiene que disponer de Nick: no puede dejarlo vivo o ella terminará en la cárcel. Así que podemos ver que esta muerte es necesaria para conservar su libertad, pero tampoco es algo que quisiera o disfrutara hacer. En mi cabeza, tanto Irlanda como Tamara aprenden una lección muy parecida: no puedes obligar a nadie a que se quede contigo. Por consiguiente, nadie necesita a un hombre en realidad.

5. ¿Qué obstáculos enfrentaste mientras escribías Cara de liebre?

La batalla contra mi propia desidia y mi poca capacidad de concentración en primer lugar. Después, unir las historias de Irlanda y de Tamara de modo que coincidieran en acciones y en tiempo. Y finalmente, obligarme a trabajar las revisiones que se vuelven siempre tediosas y eternas.

6. De todos los libros que has escrito, ¿cuál es tu favorito?

Una pregunta difícil. Los libros escritos por uno mismo son como los “amores de la vida” que uno se encuentra muchas veces. Durante un tiempo piensas que ése es EL libro (o el amor de tu vida), pero más adelante viene otro libro (u otro hombre) y te das cuenta que el anterior no era tan bueno. Le tengo un cariño muy especial a El libro perdido de Heinrich Böll, pero tengo una especie de “crush” por Cara de liebre, porque es una novela catártica, juguetona, y en donde me atreví a sobrepasar varios límites, tanto con la editorial como con mis lectores.

7. ¿Qué elementos consideras indispensables para escribir una buena novela?

Primero, tener una historia qué contar, y tenerla bien clara en la cabeza, de principio a fin, antes de sentarse a escribir. En segundo lugar, tener personajes tridimensionales, con sus defectos y virtudes, y con quienes los lectores se puedan identificar. Trama y personajes para mí lo son todo en una novela. Solo con ellos se puede dar el conflicto, que será el motor que haga avanzar a la novela.

8. Esta es una pregunta que puede resultar interesante para los escritores que apenas comienzan a hacer una carrera. ¿Por qué es importante contar con un agente literario?

Esto plantea un problema casi casi de lógica, porque hay que tener ya una carrera de cierto nivel y una obra sólida para que un agente quiera representarte. Me refiero a los agentes verdaderos, esos que se llevan un pequeño porcentaje de los contratos que logran para tu obra, sea de publicaciones, traducciones, derechos para el cine, etc., y no los fraudulentos que le cobran a los autores incautos una cuota fija mensual, hagan o no su trabajo, tengan o no resultados. Lamentablemente conozco varios autores que han perdido años y dinero pagándole a este tipo de agentes, sin ningún resultado. ¿Por qué habrían de trabajar, si reciben una cuota fija por no hacer nada? Por otro lado, los agentes verdaderos no se arriesgan a representar a un autor principiante y desconocido, porque no hay garantía de que puedan hacer negocio con este. Al final de eso se trata, de una relación simbiótica entre autor y agente, en la que ambos se beneficien. Recomiendo entonces a los escritores que apenas empiezan tratar de publicar con mucha paciencia, siempre de menos a más, y sobre todo, alejarse de las autopublicaciones como si fueran la peste. Nada ahuyenta más a un editor serio o a un agente, que un autor con libros publicados por él mismo. Así que hay que hacerse a la idea de que esta es una carrera en la que quizás puedes estar trabajando diez años sin que lleguen los frutos. Sugiero empezar a publicar en revistas (usualmente no pagan a menos que ya tengas un cierto nombre), luego en editoriales de los estados o municipios (suelen pagar con libros). Todo esto va forjando un currículum poco a poco. Después hay que pasar a las editoriales independientes, que pueden pagar una cantidad simbólica o también con libros. Ojo: una editorial JAMÁS le debe de cobrar ni un peso a un escritor por publicarlo. Las que lo hacen son imprentas disfrazadas de editoriales y que se dedican a defraudar escritores llenos de ansias por cortar camino y publicar. Si los trabajos publicados en revistas, editoriales de estados, y editoriales independientes son de calidad, vendrán luego las editoriales más grandes, donde hay adelantos por cada libro, contratos, y regalías anuales. Es en este punto que algún agente volteará a ver a los autores: no antes.

9. Para Ignacio Alarcón eres una narradora de prosa ágil y reflexiva, no apta para estómagos sensibles. Las personas mayores te preguntan por qué no escribes sobre cosas más bonitas. ¿Cómo definiría Liliana Blum su propio estilo de escritura?

A pesar de que muchas veces mis novelas se han catalogado como literatura noir, yo creo que no es una etiqueta acertada, y no porque tenga algo contra el género, sino porque no creo que describe lo que yo hago. Me parece que el noir se refiere más a lo policiaco, a lo detectivesco, y mis novelas son más bien enfocadas en lo psicológico. Yo definiría mi escritura quizá como “terror cotidiano”: historias de corte realista que resultan perturbadoras porque se adentran en la oscuridad de la naturaleza humana. El terror deviene en la conciencia de que son tan cercanas a lo que conocemos, que podría sucedernos a nosotros o a alguien cercano a nosotros.

10. Por último, sabemos que Stephen King es el escritor que más admiras. ¿Cómo describirías aquello que lo hace tan especial? 

Stephen King es un escritor que admiro, sin duda, pero no es el que más admiro. Lo uso mucho como escape de mi cotidianeidad: cuando quiero evadirme realmente de mi vida, tomo un libro suyo y me sumerjo en el por días, olvidándome de todo lo demás. Es un gran maestro del que podemos aprenderle mucho: tramas fluidas, que nunca aburren, y que se mueven azarosas por el conflicto. Ahora bien, los escritores que más admiro son otros: Alejo Carpentier, Margaret Atwood, Joyce Carol Oates, Jonathan Safran Foer, Alice Munroe, Isaac Bashevis Singer…

«Si abro mi mente y mi corazón, la iluminación y la magia no tienen fin»: Entrevista a Roni Capin Rivera-Ashford

Por María Rascón

«My Tata has been helping people feel better for as long as I can remember. He helps my family and me when we get hurt or feel sick. He helps the neighbors too. All anyone has to do is ask.»

1. En algún lugar leí que escribes para los niños desde tu niña interior, ¿cómo describirías este sentimiento, esta forma de escritura?  

Cuando me pongo a escribir, siento que lo que me nace viene del espíritu de mi niñez – mi niña interior – como la describes tú. Es como estar soñando, pero despierta. Para mí, esto es una forma de terapia con resultados mágicos. Pues la niña de mi niñez que siempre vive dentro de mí, y siempre ha sido y será parte de quien soy yo, tiene confianza en la mujer adulta que la comprende, la acurruca y la guía, que también soy yo.   

2. Creciste en Nogales, Arizona, conviviendo con tres culturas diferentes. Tu familia es de ascendencia judía, vives en Estados Unidos, cruzabas a México hasta varias veces al día; entonces no había fronteras que limitaran el cruce. Háblanos un poco sobre aquellos elementos culturales o experiencias que fueron edificando el lado mexicano de tu corazón.

Es cierto que tengo raíces judías por mis padres y abuelos. Los momentos que pasé con ellos, especialmente mi Nana, mamá de mi papá, aprendí cómo preparar, y también comer, comidas especiales como el caldo judío de pollo con bolas de masa – que se llama Matzo Ball Soup – parecen albóndigas blancas; pecho de res preparado al horno por muchas horas, con cebolla y ciertas especies, para que salga tiernito y lleno de sabor – a este le dicen Brisket y generalmente se le añaden zanahorias y papas.

Los viernes, en casa de mi Nana, se juntaba la familia a recitar unos rezos sencillos, prender velas, y cenar de estas comidas variadas. Mi Nana también me enseñaba algunas palabras en el idioma yiddish, especialmente cuando poníamos la mesa y cuando pasaba la noche en su casa. Al acostarme, ella me decía: «Gay Schlufen, Shana Punim». Esto quiere decir, «Duérmete, Cara Preciosa». Nos queríamos mucho. Yo fui su primera nieta. Fue como mi madre y murió cuando yo tenía 13 años y ella apenas 61.

Siento que su espíritu está conmigo siempre, el puro hecho de que después de 33 años, el primer cuento que escribí me nació Los remedios de mi Nana. Aquí es donde se ven las influencias, pues mi Nana me enseñaba mucho amor y me trataba de ayudar si me sentía mal, pero ella no practicaba sanar con hierbas caseras como manzanilla, hierbabuena, canela o romero. Las cuidadoras que trabajan en su casa, y en la casa de mis padres, tanto como las mamás y las abuelas de mis amigas, eran Mexicanas, generalmente hablaban español, y compartían libremente, me incluían y me enseñaban mucho de sus tradiciones culturales y espirituales también, pues me encantaba.

Ya niña de 7 y 8 años, iba mucho al otro lado, como le decíamos, a pasar el fin de semana con una linda amiga y su familia. Allí aprendí cuánto me gustaba el pinole con azúcar y canela, el aroma de las tortillas recién hechas y guardar ‘en secreto’ un jarro de agua bendita. La abuela de mi amiga me notaba triste y preocupada, pues yo, siendo la mayor, llevaba mucho cargo de que mis padres se estaban divorciando. Esta linda mujer me enseño cómo llevar agua bendita a casa, la cual colectaba después de misa. Me encantaba ir con ellos. Me animó a que, si me daba miedo o ansiedad al acostarme a dormir, bendijera mi cama con el agua bendita….y santo remedio…me quedaba tranquila. Verán que en Los Remedios de mi Tata he incluido el dicho “Santo remedio”.

3. Durante varios años fuiste maestra bilingüe para niños. Antes te has referido a la capacidad de hablar varias lenguas como una oportunidad para estrechar lazos en todo el mundo y te muestras agradecida con la variedad de culturas, comida y música que hay en tu vida. ¿Cómo se refleja en tu escritura la interacción de estas diversas herencias culturales?    

Mucho de lo que respondí en la pregunta anterior también pertenece a esta respuesta. Mi primer cuento, My Nana’s Remedies o Los Remedios de mi Nana, lo escribí en los 1990’s, cuando fui maestra de lectura, con el cargo de enseñarles a leer a algunos alumnos que no habían tenido éxito con este ejercicio tan necesario. Lo escribí – prefiero decir que me vino – primero en español. Yo sentía que necesitaban un cuento sencillo, cultural, que tratara de cosas que los alumnos conocieran en su hogar y pudieran relacionarse con el tema para poder aprender y asimilar las palabras, las ideas que aparecían en la página. Además, la gente que me conoce sabe que esto es como parte de mi niña interior, me encanta la rima, hacer rimar lo que escribo. Pues así me vino Los Remedios de mi Nana y hablando de remedios y de sanar pues seguramente tuve que poner «Sana, sana, colita de rana, si no sanas hoy, sanarás mañana». Luego pude terminar con el título del libro y hacer rima con «los remedios de mi nana».

4. My Tata´s Remedies o Los Remedios de mi Tata es tu tercer libro bilingüe para niños, ganador de numerosos premios y honores internacionales. Sueles escribir historias basadas en experiencias de vida, ¿qué situación te inspiró a escribir este cuento?

My Nana’s Remedies o Los Remedios de mi Nana me inspiró a escribir My Tata’s Remedies o Los Remedios de mi Tata. Pensé que era justo hacer un libro para honrar al Tata así como lo hice con Nana. También quería compartir más remedios naturales para que estos remedios, con cimientos científicos, no se pierdan. Pues para mí, hoy en día, hay muchas ocasiones en que me parece mejor empezar con remedios naturales que con los fármacos que se han apoderado de nuestra sociedad, muchas veces con resultados drásticos.

5. En alguna entrevista hablaste sobre la palabra “Remedios” en dos de tus títulos, My Nana’s Remedies y My Tata’s Remedies. De alguna forma, tus libros sirven también para sanar, además del cuerpo y el alma, las luchas políticas. En relación con esto, ¿por qué es importante que la sabiduría de Tata se extienda por todo el vecindario, más allá del núcleo familiar?

La sabiduría de Tata representa las enseñanzas que ayudan a preservar tradiciones culturales y familiares entre comunidades y para las futuras generaciones. Los “remedios” sirven para mantener lo bello, lo positivo y lo poderoso de las raíces de los seres humanos en nuestras comunidades y las contribuciones que dejamos para nuestro mundo. Las enseñanzas que Tata comparte con su vecindario y su nieto, Aarón, son tesoros de amor que siente por sus hijos, su familia y su colonia.

Tata lo hace sin pensar, pues le nace del corazón, así como escribir mis cuentos me nace a mí. Los remedios, ya sean caseros, herbales, costumbres de meditación, prender velas, crear ofrendas, escuchar música o cuentos de nuestros ancianos, todo para el bien de nuestros seres queridos. Hay una variedad de maneras en las cuales podemos cultivar el alivio, tal como un abrazo, un momento de compartir en una plática, escuchar a un doliente, leer un libro con un niño y tantas más para seguir contribuyendo a y conectando con nuestras comunidades.

6. El libro es un notable esfuerzo por contribuir a la preservación de los remedios naturales. Incluye un glosario muy completo de plantas medicinales, escrito por Armando González-Stuart, profesor de medicina herbal en El Paso, Texas. Tu interés por preservar las tradiciones en este libro alcanza el juego del balero, las quinceañeras, la preparación de chimichangas, el mariachi. En tus propias palabras, ¿por qué es necesario mantener vivas las tradiciones, sobre todo en países tan multiculturales como Estados Unidos?

Pienso que es sumamente importante mantener vivas las tradiciones culturales, tanto como los idiomas de cualquier grupo, no solo por la preservación, sino también para mantener lo auténtico de cada grupo. Todos necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo, una familia, un tribu, una sociedad. Las comidas, la música, los juegos, las tradiciones, costumbres y los idiomas son hebras que nos conectan al tapiz que pertenecemos.

7. La traducción al español de los textos es impecable. Para sustituir algunos elementos se opta por aquellos que les sean más similares, como en el caso de la fórmula mágica “Sana, sana, colita de rana” y “I’ll Kiss it and rub it and make it go away”. Se han cuidado hasta los más pequeños detalles, como en la traducción de las onomatopeyas, “tan, tan, tan” por “knock, knock, knock”. Incluso los nombres de las plantas, “Cardo Santo” por “Mexican Thistle”, “Maguey” por “Century Plant”, y en lugar de Cempasúchil, “Aztec Marigold Blossom”. ¿Cuál es el secreto para alcanzar este nivel de calidad en una traducción?

Hasta ahora, he tenido la fortuna de hacer mis propias traducciones para mis primeros tres libros bilingües. Pienso que el hecho de que me crié en la frontera hablando ambos idiomas desde recién nacida es el primer secreto y para mí una bendición de toda la vida. Además tomé cursos de español, tanto como inglés, durante todos mis años escolares: en la escuela intermedia, la secundaria y recibí mi bachillerato de la universidad, Colorado State University at Pueblo, con el enfoque principal en español. Después de empezar como maestra bilingüe de primaria, tomé cursos para cumplir con los requisitos del distrito escolar y también ser reconocida como maestra bilingüe certificada. Por último, me recibí de la Universidad de Arizona, certificada con la especialización de traductora e intérprete de la corte. Con este certificado, trabajé más de 10 años en un puesto similar, solo que fue en el ramo educativo para nuestro distrito escolar en Tucson.   

8. En la dedicatoria escribes diversos nombres para la palabra Tata, entre ellos Papa, Opa, Grandpa, Pai, Zayde, Nonno, Ojiisan, Ye Ye, Lo Lo, Daada, Óng Nôi, para agradecer a los abuelos por iluminar tantas vidas, incluyendo la tuya. ¿A qué culturas pertenecen estos nombres?

Estos nombres que se usan para nombrar a la persona que es “abuelo” vienen de varias culturas. Dentro de una cultura, pueden haber diferentes nombres para referirse a la misma persona, como el abuelo. Por ejemplo, Papa y Grandpa lo usaban mis hijos con mi papá y mi abuelo. También le decían Opa a su tata, porque los primeros nietos de ese tata eran de descendencia Alemana por parte de su mamá. Pai era el nombre que usaba mi nieto para su abuelo materno y ellos venían de Angola, hablaban portugués. Zayde se usa entre algunas familias judías y los otros nombres los usan las familias japonesas, vietnamesas, chinas, africanas. Lo importante aquí, para mí, es honrar a la persona y la relación que los une.

9. Las ilustraciones son muy importantes en los cuentos infantiles. Acompañan las historias y ayudan a los niños a ponerles atención. El trabajo de Antonio Castro es magnífico. ¿Qué relación hubo en este caso entre ilustrador y escritor? Mi hija cree que tu dibujo aparece en una de las historias, lo sospecha por el dije en forma de corazón de tu collar.

Estoy de acuerdo en que las ilustraciones de los cuentos infantiles llevan la misma importancia, o tal vez hasta más, que el solo cuento. Puede ser curioso saber que no conocí al ilustrador, Antonio L. Castro, ni a su hijo, profesor de diseño gráfico que, con su talento, en mi opinión, se sacaron la lotería con sus expresiones artísticas en nuestro libro My Tata’s Remedies o Los Remedios de mi Tata.

Cuando estuve en la casa editorial Cinco Puntos Press, en El Paso, Texas, para firmar el contrato de publicación para este libro, los dueños me enseñaron un dibujo que había hecho el ilustrador, Antonio L. Castro, a quien iban a contratar para hacer las ilustraciones de mi cuento. Fue un dibujo pintado de un joven. Me impresionó tanto que les pregunté si me permitirían mandarles fotos que pudieran considerar para el tata, la nana, y los demás caracteres del libro. Me dijeron que sí, a ver qué decía Antonio. Al fin, le encantaron las fotos. Dijo que sintió una conexión con los personajes.

Esto ha sido muy especial para mí, hasta curioso que esto fue mi idea antes de que yo supiera ni un detalle, ni un susurro de la película COCO. Y en este libro se honran todos mis seres queridos que ya han fallecido, o como yo ahora digo, han cruzando el puente de cempasúchil. Los tres nietos, Aarón, Justino y Sarah son nuestros hijos, y gracias a Dios siguen aquí en este mundo, igual que la niña mariachi que viene siendo una primita, y el niño que trae la señora de Angola, es nuestro nieto. El tata es mi suegro, quien se llamaba Augustine y le decían Gus. La nana es mi suegra. Ella es la que trae el collar en forma de corazón. ¡Qué lista y detallada tu hija que se fijó en el collar y sabe que a mí me gustan los corazones! Yo y mi suegra, Teresa Rivera Ashford, teníamos gustos similares. Mis suegros para mí eran más como mis padres, una relación con mucho cariño y respeto. La pintura de ciruelas que se ve en la pared donde está la nana con la charola de empanadas es una pintura verídica que pintó mi suegra. Ella pudiera haber hecho estas ilustraciones, pues empezó a pintar a los 65 años de edad y tenía mucho talento. Mi querida suegra, Tere, cruzó el puente de cempasúchil en 2009 y este libro se publicó en el 2015.

10. ¿Qué recomiendas a aquellos autores que quieran escribir literatura para niños?

Para quien quiera escribir literatura para niños les recomiendo, ¡háganlo! Lo importante es poner en acción sus sueños, lo que sienten. Lo demás se desarrollará en su debido tiempo. Si nace de su corazón, van a ver como se abren las puertas…pero no se les olvide que tienen que tocar las puertas para que se puedan abrir. Yo lo veo como sembrar semillas. Hay muchas veces que yo ando sembrando semillas con correos electrónicos, llamadas por teléfono, visitas a lugares donde hay personas relacionadas al tema que quiero desarrollar. La pasión, la fé, la sinceridad son como la tierra, el agua y el sol para las semillas. A veces toma mucho tiempo para que brote algo y por eso hay que seguir adelante con la fe y tal vez empezar otro proyecto, aún no olvidando cada semilla. La persistencia también es importante. Casi nunca brota una semilla (idea) con una sola regada. Hay que seguirla(s) regando– especialmente las que más nos inspiran; para mí es que a esa(s) le tienen un amor, una atracción o pasión genuina. Yo suelo apuntar alguna idea, frase, palabra que con frecuencia me viene a la mente cuando no tengo ni el tiempo, ni el enfoque para desarrollarla. Si la tengo apuntada, en otra ocasión, puedo volverla a acceder para seguir adelante. Si no la apunto, es muy probable que no la pueda recordar. Para mí, estos momentos, las ideas, frases, palabras son chispas que me llegan del más allá. Si yo abro mi mente y mi corazón, y pongo de mi parte, pues la iluminación y la magia no tienen fin. Así que ¡orále, adelante!

El último vuelo, de Patricia Cabrera: Conversación con Elpidia García

Por María Rascón

Fotografía de Omar Morales

«Las nubes se mueven muy rápido, pero

siguen siendo hermosas. Mis hijos,

estén tranquilos. No tengo miedo de

morir. Los aviones se caen, pero la vida

sigue. Dios es bueno. No pierdan la fe.»

1. El último vuelo es un plaquette que rinde homenaje a la vida, trabajo y compromiso de Patricia Cabrera. Incluye diecisiete relatos escritos entre 2019 y 2020, mientras participaba en el Taller ¡Viva la Vida!, coordinado por usted y dirigido a trabajadoras de la maquila. En la introducción se le describe como una mujer que sentía un profundo amor por la literatura y se esforzaba por fomentar la cultura en su entorno laboral, un hecho sin precedentes, pues no es común que en estas empresas se preocupen por la sensibilidad de los trabajadores. Como amiga suya, ¿podría contarnos un poco más acerca de la relación que había entre ustedes, de la personalidad de Cabrera y su amor por el arte y las letras?

Teníamos una relación muy cordial desde el 2013, cuando me invitó a participar en un encuentro de escritores que ella coordinaba en las maquiladoras DELPHI. Yo sabía de ella por el libro El silencio que la voz de todas quiebra, que escribió con otras escritoras, la mayoría locales. Desde esa ocasión coincidimos varias veces cuando me volvió a invitar a leer en la maquiladora, a presentar mis libros y a ofrecer algún taller de escritura para los trabajadores. Me di cuenta de que era muy entusiasta para animar a la gente a leer y a escribir historias. Convivimos más cuando di un taller cada sábado, a lo largo del 2018, en las instalaciones de su empresa. En ese año, planeamos un proyecto de libro, una antología con los relatos de los trabajadores, y hasta empezamos a juntar dinero para concretarlo. Con su partida, el proyecto quedó inconcluso.

Su personalidad era afable y siempre tenía una sonrisa al encontrarnos; era solidaria y altruista. En una ocasión la vi llorar de indignación por el acoso laboral que sufría una trabajadora; muy cariñosa con su familia; incansable, pues siempre estaba trabajando en diferentes proyectos, del tipo de personas que sientes que conoces de toda la vida, que quieres imitar por su entrega y dedicación. Por el confinamiento y su repentina muerte, no llegamos a entablar una amistad más cercana, pero estoy segura de que hubiéramos sido muy buenas amigas, ya que nos movían intereses comunes.

2. También en la introducción de El último vuelo nos enteramos bajo qué contexto escribió Patricia Cabrera el relato que da nombre a todo el plaquette. La premisa que trabajaron en ese momento fue: ¿Qué escribiríamos antes de ocurrir un acontecimiento imprevisto en el que nuestra vida está en riesgo? Como usted misma señala, con la partida prematura de Cabrera, el relato adquiere una relevancia asombrosa, afirmación con la que estoy totalmente de acuerdo. ¿Hay alguna anécdota semejante que pueda contarnos sobre el proceso de escritura de otras de sus historias?

Sí, en otro de los textos incluidos en la plaquette: La herencia, surgió del ejercicio que propuse en esa ocasión al grupo: escribir un relato en el que la historia girara alrededor de un objeto, un objeto que tuviera un significado emocional que, al verlo, les hiciera recordar algún momento importante de sus vidas. En La herencia, Paty escribió sobre un juego de té heredado por su abuela que guardaba en el trastero como un tesoro. En el desenlace, ella lo hereda a su nieto, Matías.

3. Aunque usted hace hincapié en que los relatos no conservan una unidad temática, se nota que han sido organizados de acuerdo con otras particularidades. El plaquette comienza con “El último vuelo”, la historia que produce en el lector el efecto más intenso, y concluye con una frase perteneciente a la historia número diecisiete, “La herencia”, que pone atinadamente el punto final a la compilación: “El ciclo había concluido”. Me interesa conocer algunos aspectos sobre este proceso de selección y reorganización, ¿hubo historias que se quedaran fuera?, ¿en qué estado se encontraban los manuscritos?, ¿son autógrafos, electrónicos…?

El ordenamiento de los textos fue intencional, claro. Los textos incluidos son todos los que Paty me envió por correo electrónico a lo largo de cerca de un año de taller. Hay que recordar que ella tenía un puesto de gran responsabilidad en su empresa, pues era Gerente de Comunicación Interna de varias plantas ensambladoras, además de una familia y proyectos personales en los que estaba inmersa, eso le dejaba poco tiempo para escribir, pero aun así, hacía lo posible por llevar un texto nuevo a las sesiones del taller. Pienso que es muy probable que haya más textos en los archivos que dejó en su computadora personal, sería importante que su familia pudiera recuperarlos.

4. Como otras autoras fronterizas, Cabrera perteneció a “S” Taller de Narrativa, del que surgiría El Silencio que la Voz de Todas Quiebra / Mujeres y Víctimas de Ciudad Juárez, un libro que buscaba superponer la verdad ante los mitos difundidos por las autoridades para ensuciar la memoria de las mujeres asesinadas. En palabras de Cabrera participar en ese libro marcó y delineó lo que sería su enfoque de escritura. ¿De qué manera considera usted que ese enfoque salió a relucir no sólo en El último vuelo, sino en las sesiones de trabajo en el Taller?

Te doy un ejemplo: en una ocasión, me avisó que una de las alumnas del taller, empleada de la empresa, había sido despedida y se le había prohibido asistir como externa a las sesiones. Según me contó, el despido fue porque ella denunció acoso sexual de un superior. Con toda firmeza, Paty consideró que todas debíamos solidarizarnos y cancelar el taller, si ella no podía tomarlo, que ninguna de las demás lo hiciéramos. Le propuse conseguir otro espacio, y en eso estábamos cuando, por el confinamiento, no pudimos continuar de manera presencial. Siempre tuvo esa congruencia con sus ideales, tanto en su discurso, como en su conducta. 

5. Patricia Cabrera también formó parte de un taller de autobiografía encabezado por Carmen Amato, con la finalidad de escribir la biografía de su madre para obsequiársela en su octogésimo cumpleaños, Socorro, Memorias de fuerza y dignidad (2019). Para alguien interesado en el estudio de la obra y vida de Cabrera sería importante saber si es posible acceder a dicha biografía.

Ella me dijo que imprimió un número limitado de ejemplares que entregó a sus familiares en la fiesta de cumpleaños de su madre. Es posible que alguno de ellos pueda ya sea ceder un ejemplar, o fotocopiarlo para quien tenga interés en tenerlo. 

6. Finalmente, su fallecimiento repentino interrumpió el proyecto de un libro en el que pensaba trabajar, ¿los relatos de El último vuelo formarían parte del mismo?

Sí, claro que sí, el proyecto de la antología del taller que coordiné gracias a la Secretaría de Cultura Chihuahua y a la gestión de Paty Cabrera en la empresa APTIV, se encuentra en espera. Los recursos que ofreció Secretaría de Cultura Chihuahua para la edición del libro se frenaron con el confinamiento. El libro se titularía Tintas que tientan. Espero retomar el proyecto de edición y publicación cuando podamos volver a una cierta normalidad.

Si es de su interés, la plaquette está disponible con Elpidia García. Pueden contactarla a través de su cuenta de Facebook.

«El erotismo estimula los sentidos de manera brutal e inmediata»: Entrevista a Julia Santibáñez sobre su poemario Eros una vez -y otra vez-

Por María Rascón

Fotografía: Alejandro Hernández

Un día de estos va a ser

el que me quieras,

el que me quieramente

así,

como yo quiero.

1. La niña Julia Santibáñez reconocía en la poesía pequeñas canciones que enseguida memorizaba y recitaba sin mucha conciencia. ¿Qué representa actualmente la poesía para ti?

En parte sigue siendo un juego. Disfruto mucho el baile de las palabras, su estado musical y siempre dispuesto a una vuelta inédita. Al escribir me divierto, me paseo por las tripas del lenguaje y encuentro ahí tesoros descomunales, a veces tan grandes como una caverna, aunque es verdad que a veces no me divierto, sino sufro la escritura. Por fortuna no ocurre demasiado.

2. Es posible que me equivoque, pero creo reconocer en la portada de Eros una vez -y otra vez-, publicada por Textofilia, a un dios de los enamorados fracturado y sin alas, ¿podrías hablarnos un poco acerca de esta imagen?

La portada fue una propuesta de la editorial y de arranque me gustó mucho: me remite a una figura clásica con cierto desgaste, añosa, pero sólida. Creo que así es Eros entendido como temática, más que como personaje: la especie humana lleva muchos siglos de escribir sobre deseo y hartazgo. Como se trata de uno de los asuntos más antiguos en el arte, cualquiera diría que es terreno agotado, pero al mismo tiempo siempre presenta ángulos vitales. Es susceptible a nuevas exploraciones.

3. Eros una vez -y otra vez- parece, a primera vista, un libro de cuentos, sin embargo, se trata de un poemario. El título nos promete poemas amorosos, haciendo alusión al ya mencionado dios de los enamorados. Un anuncio erótico además. Esta es una pregunta difícil para todos, pero ¿cómo definirías tú al amor?

Es un riesgo porque te va la vida en él, implica quitarte la piel y entregarla a la persona amada, quedar vulnerable y hasta en ridículo, pero feliz. Es una ficción, porque nunca nos enamoramos de una persona, sino de la imagen que construimos sobre ella. Don Quijote lo dijo bien: “bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta […] yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo […]”. Y es un adrinalinazo, porque sabes que en algún punto te vas a estrellar con la pared, pero igual metes el pedal a fondo, porque no tiene sentido vivir cuidándote.

4. En una de tus entrevistas contaste cómo solías estirar las palabras y jugar con ellas. En tu poemario aparecen no sólo figuras imposibles de traducir a otros idiomas, sino palabras nuevas, vocablos que yo consideraría verdaderas aportaciones a la lengua española, como en el caso de “infinitarme contigo”, para hablar de ser eterno con alguien más. “Engorilada” es otro ejemplo. ¿Qué puedes contarnos al respecto?

Decía que me divierto al escribir, las palabras son mi juguete favorito. Y no me conformo con las que hay, siempre busco nuevas o le escarbo un filo a las ya existentes. Una forma desconocida que obligue al lector a fijarse de nuevo en qué dice ahí. Creo que es parte de la riqueza de la poesía, estirar los márgenes del lenguaje. Me interesa pedirle al lector que me acompañe a descubrir las infinitas posibilidades del idioma.

5. A pesar de ser un tema tabú, todas las personas somos seres sexuales, tenemos la necesidad de unirnos físicamente, de experimentar placer y ternura. Cuéntanos por qué decidiste trabajar bajo el estímulo de las ideas eróticas.

Es de los terrenos más pantanosos para escribir, porque se ha dicho tanto que resulta fácil caer en el lugar común, andar por el caminito del bosque que de tan transitado ya casi se volvió una carretera. El erotismo me interesa en ese sentido, por el reto que comporta: ¿de veras puedo decir esto creativamente?, ¿puedo aportar algo aquí? Y está, claro, la potencia del erotismo, su imponerse por temporadas en mi vida: cuando me enamoro, me tiro al fondo y sin paracaídas. Me pregunto por qué es así y encuentro que la recompensa es descomunal: sentirme absolutamente viva, sin posibilidad de duda. Afirmarme en el día de hoy.

6. Los animales han tenido desde siempre matices simbólicos importantes. En su estado salvaje pueden representar la parte más primitiva del ser humano, el instinto carnal y otras conductas innatas, inconscientes. En tu opinión, ¿qué papel juegan los animales, la fábula, en tus poemas amorosos?

Me resultan tremendamente interesantes, me intrigan mucho. Son reacciones en estado puro, inteligencia sin instrucción evidente. Aparecen a lo largo de mi poesía especies comunes en la ciudad, como gatos, distintas aves e insectos, más las cabras (que son mi animal totémico, tanto en el horóscopo occidental como en el oriental y me encantan por necias). Me pasa con frecuencia que no sé entender lo que pienso, pero al analizar la conducta de un animal encuentro luces que de otro modo no hubiera tenido.

7. Otro elemento simbólico que llama mi atención en tu obra es el alimento, la sustancia nutricia vinculada al erotismo a través de tus palabras, la fruta que nace del romance, el cuerpo lleno de jugo, la espalda tártara, el mousse con cereza dulzona de tetilla. ¿Cómo te aproximas a estas imágenes?, ¿cómo se despiertan en ti?

Solemos tener abotagados los sentidos, pero el erotismo los estimula de manera brutal e inmediata. El cuerpo es mi principal asidero de la realidad, dado que no creo en un más allá, y es justamente a través de lo que huelo, toco y pruebo como me acerco a ese otro, aquel con quien comparto la cama o el deseo. Ahora, la “espalda tártara” y el “mousse con cereza dulzona de tetilla” pertenecen a un poema crudo (en sus dos acepciones): el amante imagina comerse al objeto de su amor para tenerlo consigo. Ese poema, por ejemplo, nació de escuchar la expresión “te quiero horrores” y verla literalmente: ¿cómo sería amar con horrores? Las palabras y frases de todos los días esconden muchas posibilidades de poesía.

Fotografía: Alejandro Hernández

8. La guerra y las armas son una más de tus herramientas simbólicas. Arrojar el fusil, enclavar el puñal muy adentro, abrirle la puerta al enemigo y convertirse en Troya, tener el cuerpo tenso, como un arco bien dispuesto y los misiles en el clóset. Dormir acariciando el botón rojo. ¿Qué tan parecido es el amor, el placer, a la lucha?

Es muy parecido por la intensidad que conlleva, porque el sexo pareciera un combate entre contrarios y los gemidos se asemejan a los de alguien moribundo. De hecho, se trata de un tópico con cientos de años de vigencia. Ya en el siglo XIV, Petrarca le escribía a su “dulce enemiga”. Me gusta explorar temas clásicos y darles la vuelta, hacer que hablen en el lenguaje del siglo XXI. Los encuentro muy ricos.

9. Dejando de lado los símbolos, creo que en Eros una vez -y otra vez– hay algo de libro objeto, versos de opción múltiple, incluso la posibilidad de que el lector inserte el poema de su elección, el que más convenga a los epígrafes que escogiste. Me pregunto si en Julia Santibáñez existe también una faceta de artista plástica.

Me encantaría decir que sí, pero no. Admiro muchísimo la plasticidad (en especial me interesa ahora el collage artístico), el dibujo, la escultura, pero mis manos son torpes. Lo que sí puedo decir es que para mí la poesía no se queda solamente en palabras, sino que a través de ellas busca echar mano de otras artes: acordes musicales, estampas plásticas, pasos de danza.

10. Por último, quisiera saber qué nuevos proyectos se avecinan, en qué te encuentras trabajando actualmente. ¿Hay alguna idea que no puedas sacar de tu cabeza?

Estoy escribiendo poesía y puliendo poemas, como siempre hago, aunque ahora con mucho más énfasis en la forma, en las vocales de cada verso, en la música que produce una “a” repetida en contraposición a una “o”. Esa exploración me tiene loca, fascinada.

Violetas, feminismo para niñxs: Entrevista a Fernanda Avendaño

Por María Rascón

Fernanda Avendaño es activista infantojuvenil, promotora cultural y madre feminista. A través de su iniciativa Cuentos para Cassandra fomenta el trabajo con las emociones, el hábito de la lectura, y en esta ocasión, el feminismo para niñxs, jóvenes y mamás.

  1. Más de una mujer feminista opina que los hombres nunca podrán entender el movimiento, ya que ellos no sufren la violencia patriarcal que las mujeres han padecido desde siempre. Violetas es un taller que no excluye la participación masculina, por el contrario, promueve la idea de que todos deberíamos ser feministas, como el título del libro de Chimamanda Ngozi.  ¿Porqué es necesario que los niños y los hombres también se asuman como feministas?

Tengo muchas ideas respecto a esto y me parece muy interesante cómo planteas tu pregunta porque es un tema muy complejo. Si la pregunta fuera ¿los hombres sufren violencia patriarcal? la respuesta sería: por supuesto. La diferencia es que para nosotras afecta todos los aspectos de nuestra vida y la calidad de esta, mientras que para ellos los efectos del patriarcado parecen ser más bien en sus relaciones con sus pares o con ellos mismos.

A pesar de esto, yo no creo que los hombres puedan ser feministas, al menos no en la práctica, porque en la teoría sí que hay varías estudiosas del feminismo que les nombran. Yo respeto a las mujeres que hablan desde el feminismo pensado en colectivo, como Marcela Lagarde, que habla de vidas libres de violencias; pero la cosa con la práctica feminista de los hombres es que resulta discordante. Mientras pueden estar analizando las violencias de otros parece que las propias son más difíciles de ver, cuestionar y resolver. Bajo ese sentido resulta hipócrita, porque a muchas morras nos duele el feminismo, porque hemos visto las violencias que ejercieron hacia nosotras y de las que somos autoras. Ese ejercicio de deconstrucción no es fácil que se lo aviente alguien que tiene un lugar privilegiado en la escalera social de este sistema.

Ahora, Violetas es un taller que admite niños y niñes, por dos cosas. La primera es que hay madres feministas que maternan varones, y desde esa premisa Violetas es también para ellas que necesitan un espacio seguro y de recreación para lxs hijxs que comulgue con sus necesidades y sus ideas, un espacio que les ayude a explicar a las infancias cómo están ejerciendo sus derechos y luchando por los mismos y así también hacer comunidad.
El segundo motivo es que creo que los niños aún no forman parte del sistema patriarcal como hombres a pesar de ser varones ¿qué quiero decir? un macho tiene características y ha pasado por rituales específicos por los que los niños varones no han pasado y por ello aún no son los machos que críticamos. Esto lo podemos explicar desde el feminismo interseccional, pues la minoría de edad también es una categoría de opresión, sobre todo en una sociedad como la nuestra, que es sumamente adultocéntrica.

Entonces es posible que los hombres no puedan ser feministas pero, los niños que son los varones del futuro ¿pueden? no tengo la respuesta a esa pregunta pero espero que las madres de varones me la contesten en algun momento. Sí tengo esperanzas en que ellos en algún momento puedan asumirse como parte del movimiento -y no sólo como “aliades”-  porque ya pasaron por una educación y una crianza feminista.

2. El cuento que escogiste tiene un profundo impacto en sus lectores, les enseña a los niños que está bien llorar y expresar sus emociones, que no tienen que gritar para parecer fuertes, ni detestar las cosas bellas.  ¿Es posible acabar con los estereotipos de la hombría y la feminidad a través de las historias?

El cuento que leí en el taller y del que hablas fue: Nosotras / Nosotros de Ana Romero y Valeria Gallo. Está divido en dos partes: en una se relata la lucha y obtención de los derechos de la mujer mientras que la otra parte habla sobre el lugar de los hombres en el movimiento, con ello claro que hace mención sobre los estereotipos de género. Esta es una preocupación que la literatura infantojuvenil (LIJ) ha ido abarcando de poco en poco, pienso por ejemplo en El niño que no quería ser azul, la niña que no quería ser rosa de Patricia Fitti, Rosa Caramelo de Adela Turin y El libro de los cerdos de Anthony Brown. Cuentos que están pensados para visibilizar estereotipos de género y las violencias que llevan consigo.

Respondiendo a tu pregunta, no sé si es posible acabar con ellos porque hombría y feminididad se construyen no sólo en el imaginario literario sino también en el cultural, en el estrato social, político, académico y demás, así que sería muy difícil poder eliminar estos constructos solo con la narración o la poesía, sin embargo la lectura ayuda a que lxs niñxs comprendan el mundo en el que viven, hablar de estereotipos a edad temprana podría influir en la forma en la que los viven.

3. Sabemos que el color violeta es representativo de la lucha feminista. Emmeline Pethick, activista sufragista siglo XIX, decía que el color simbolizaba la sangre real de cada luchadora. En tus propias palabras, se protesta lanzando bombas, pero también bailando; se protesta a gritos y también en silencio, ¿cuál es la importancia de que las niñas y los niños aprendan el poder de la protesta para exigir sus derechos?

Mi interés no solo es en la protesta o en los derechos, sino que infancias, juventudes y madres adquieran las habilidades para percibirse como entes políticos capaces de vivir y participar de una sociedad que -hasta ahora- es democrática. ¿Por qué es importante? pues porque a partir de esto, podemos ver soluciones a conflictos basados en el diálogo y el respeto de las posiciones contrarias. Si niñas, niños y jóvenes pueden ejercer su derecho a la participación entonces les estaremos dando reconocimiento como sujetos de derecho. Valores de suma importancia en cuestión de derechos humanos en comunidades pacíficas.

4. ¿Por qué no debemos dejar de lado la perspectiva universal al hablar sobre feminismo, aunque en apariencia hayamos obtenido algunas victorias?

Porque las victorias no han sido universales pero la opresión sí. Y el feminismo no sólo busca que la vida de las mujeres mexicanas sea mejor en cuanto a oportunidades y derechos sino que todas las mujeres en todas las comunidades dejen de sufrir condiciones de desigualdad. Es importante hablar de la perspectiva universal porque el movimiento feminista no paró cuando las sufragistas obtuvieron el derecho al voto, el feminismo y sus formas ha cambiado, sí, pero sigue siendo la búsqueda constante por los derechos de todas nosotras.

5. En tu opinión, ¿cómo podemos empezar a hablar sobre el aborto legal con las futuras generaciones?

Es algo que me preocupa mucho y tampoco he podido resolver, pienso que podemos empezar por hablar de la desigualdad en que nacen tantas personas en el mundo y de ahí seguir con salud reproductiva y luego cuestiones legislativas. Aunque siempre es importante adecuar los contenidos para que lxs niñxs los comprendan no se debe endulzar la verdad.

6. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de impartir un taller virtual?

Las ventajas son las diferentes voces y condiciones de quienes participamos, no somos del mismo género, ni de la misma edad, ni estamos en el mismo espacio, eso es sumamente enriquecedor; mientras que las desventajas son los horarios, la organización, los problemas de comunicación que llegan con las nuevas tecnologías y por supuesto, extrañar el contacto humano, algo que es muy importante en los talleres para niñxs que buscan fomentar la sana convivencia, el diálogo, los afectos y el amor por los libros.

Violetas es un taller de varias sesiones que tengo años planeando, organizando y documentando. Siento que de haberlo hecho de forma presencial habría sido más difícil encontrar aforo. Lo mismo me sucede con otro taller sobre literatura y cocina para niñxs, que quiero impartir desde hace años pero que ha sido difícil por el espacio. Ese es otra ventaja de lo virtual, cada quién puede acomodarse y tomarlo donde más comodx se sienta. 

7. Y colorín, colorado… ¿qué sigue a este primer taller sobre feminismos?

Espero llegar a más personas, Cuentos para Cassandra nació para hacer visible mi trabajo en la comunidad, y así hacer notar las desigualdades de quienes necesitan la literatura infantojuvenil para generar espacios de paz y cambio pero ha sido dificil compaginarlo con mi labor académica.

Veo en el proyecto Violetas una oportunidad para volver a la conversación política y feminista, no sólo hablar de los temás que me interesan a mi, si no los que son importantes para esta comunidad.

Por lo mismo siguen ¡más sesiones! Estoy muy emocionada por los comentarios tan lindos que recibí y lxs niñxs que asistieron. Tengo preparada una sesión de Violetas para hablar sobre estereotipos, otro para hablar de diversidad sexual, incluso tengo preparado un taller sobre feminismo interseccional. Pero de todo las que me parecen más importantes son las sesiones con textos y actividades que ayudan a empoderar a las niñas, a acercarlas a las ciencias y deportes porque visibilizan el trabajo de grandes mujeres y los talleres que les hablan del amor propio. Creo que una mujer que se ama y construye redes solidarias puede identificar con más facilidad los espacios que la violentan, cuando eres niña parece que la violencia no existe y por eso tardamos tanto en nombrarla y sanarnos.